3 ejemplos de como proteger lo que hace único tu negocio

Muchas veces, los autónomos y las pequeñas empresas pensamos que la protección de la innovación no va con nosotros. Parece algo reservado a las grandes corporaciones, a las tecnológicas internacionales o a los proyectos que manejan patentes millonarias. Y, sin embargo, la realidad es bien diferente: la mayoría de los negocios, incluso los más pequeños, tienen algo valioso que deberían proteger.

El problema es que, a menudo, ni siquiera sabemos qué es lo que se puede o debe proteger. ¿Es una marca? ¿El nombre del producto? ¿El diseño de un envase? ¿Un método de trabajo propio? ¿El funcionamiento de una app? La respuesta suele ser más amplia de lo que imaginamos.

Por eso, en este artículo te proponemos varios ejemplos reales y sencillos, pensados para que cualquier profesional o pequeña empresa pueda identificar sus propios activos intangibles y comprender por qué protegerlos puede marcar la diferencia entre crecer con seguridad o quedar expuestos ante copias e imitaciones.

Proteger lo que creas, un recurso al alcance de todos

La protección de la innovación no es un lujo sino una herramienta estratégica tanto para negocios pequeños como grandes empresas. Proteger una marca, un diseño, un método o un producto innovador es garantizar que aquello que marca una diferencia continúa siendo tuyo. La finalidad no es otra que evitar que otros se apropien de tu esfuerzo y también una forma de aumentar el valor de la empresa.

Proteger esa innovación significa:

  • Evitar copias no deseadas y mantener la exclusividad de lo que te hace diferente.
  • Aumentar el valor de la empresa, ya que marcas y patentes son activos intangibles que se pueden vender, licenciar o ceder.
  • Ganar credibilidad, especialmente en sectores donde la competencia es alta.
  • Crear una base legal sólida para negociar con distribuidores, socios o inversores.
  • Facilitar la expansión hacia nuevas líneas de negocio o hacia el exterior.
  • Cuanto más pequeña es una empresa, más importante es proteger cada paso que da.
  1. La marca de cosmética artesanal que conquista clientes por su nombre y presentación

Imaginemos una emprendedora que crea en Ferrolterra una pequeña marca de cosmética natural basada en plantas gallegas. Vende en línea y en mercados locales, y poco a poco comienza a tener éxito.

El riesgo aparece cuando otra marca, al ver el tirón de estas propuestas naturales, lanza un producto con un nombre muy parecido y un envase casi idéntico. Si la emprendedora no tiene su marca registrada, puede perder no solo el nombre de su empresa, sino también el reconocimiento que ganó.

Lo que puede hacer para protegerse es:

  • Registrar la marca: el nombre y el logotipo se convierten en exclusivos.
  • Proteger el diseño del envase: si es original, puede registrarse como diseño industrial.
  • Proteger una fórmula o método, si es innovador, mediante patente.
  • El registro no es un trámite: es un escudo.
  1. El cocinero que convierte una creación culinaria en una señal distintiva

Un cocinero autónomo de O Salnés crea un plato que comienza a atraer visitantes por su aspecto tan especial como su sabor, un postre que recrea un pequeño bosque atlántico en el plato.

La receta no se puede patentar, las recetas no entran en la categoría de patente, pero el diseño, la presentación visual de la preparación, sí puede protegerse. Es un activo más del restaurante y una manera de evitar que otros establecimientos copien de forma literal una creación que requiere experimentación y talento.

El nombre del restaurante, o incluso el nombre comercial del cocinero, también se pueden registrar como marca, reforzando la identidad del proyecto gastronómico.

  1. La app de un autónomo que puede perderse si no se protege bien

Un programador de Lugo desarrolla una aplicación para facilitar las reservas en pequeños alojamientos turísticos. La app comienza a funcionar y una plataforma más grande detecta el potencial. Sin la protección adecuada, esa compañía podría lanzar una aplicación muy similar o incluso apropiarse de un nombre casi igual.

En este caso, el autónomo puede proteger:

  • La marca de la aplicación (el nombre comercial).
  • El software, mediante derechos de autor, dejando constancia de su titularidad.
  • Una patente, si incorpora un sistema técnico nuevo y con una aplicación práctica clara.
  • Al hacerlo, garantiza que la idea que nació en su ordenador siga siendo suya.

Muchos autónomos piensan que registrar una marca o una patente es caro, complejo o poco necesario, sobre todo en los primeros meses de un proyecto. Es justo al revés, proteger en momentos iniciales suele ser más barato y evita problemas futuros que pueden poner en riesgo todo el trabajo hecho.

Disponer de un acompañamiento profesional, como el que ofrece la Oficina Económica de Galicia, puede resultar determinante para una implantación exitosa. Aprovecha el asesoramiento especializado y los recursos gratuitos a tu alcance para fortalecer tu proyecto empresarial.