
La estrategia debe revisarse de forma periódica (mínimo de manera anual), y siempre que se produzcan cambios relevantes en el entorno (mercado, competencia…) o en la propia empresa. La planificación estratégica debe ser un proceso flexible y dinámico, no un documento rígido y estático. Lo que es igualmente importante es realizar un seguimiento constante de la ejecución de la estrategia. Esto permite evaluar su progreso, identificar posibles desviaciones y corregir el rumbo cuando sea necesario. Un buen seguimiento garantiza que las decisiones y acciones alineadas con la estrategia estén siendo efectivas, manteniendo el enfoque en los objetivos a largo plazo.
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