
Entre los errores más comunes podrían destacarse: elaborar planes excesivamente teóricos (como documentos extensos que no se traducen en decisiones reales), no vincular la estrategia a acciones concretas (definiendo objetivos sin responsables, plazos o indicadores, por ejemplo), no implicar al equipo (por ejemplo, limitando el proceso a una sola persona sin alineación interna), o no realizar un seguimiento de los objetivos definidos (de modo que la estrategia no se revisa ni se ajusta ante cambios del entorno o desviaciones en los resultados).
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