Valoración en fase semilla, métodos realistas cuando el histórico aún no manda

Valorar una empresa en fase semilla no consiste en «adivinar» cuánto vale, sino en acordar un precio razonable para entrar hoy, sabiendo que el valor real se demostrará en los hitos de los próximos 12 a 18 meses. El problema es evidente: todavía no existe una cuenta de resultados estable, el producto puede estar en iteración, y las proyecciones pueden ser prometedoras pero insuficientes para extrapolar. Por eso, una valoración sensata en semilla se apoya menos en el pasado contable y más en la lógica de riesgo, hitos y comparables.

El primer enfoque realista es el de rangos por madurez e hitos. En semilla, la valoración suele moverse dentro de bandas en función de si existe un producto listo, primeros clientes, repetición de compra, canal validado o acuerdos comerciales firmados. La clave técnica aquí es convertir la conversación en un mapa de hitos verificables: qué debe ocurrir para que la siguiente ronda se realice a una valoración superior, y qué métricas o pruebas lo acreditan. Esto ordena la negociación, porque el precio de hoy queda vinculado a entregables concretos, no a expectativas generales.

El segundo método, muy útil para aterrizar números, es el enfoque de capital riesgo basado en la salida. Parte de un valor de salida plausible en 4 a 7 años y del retorno exigido por el inversor, y se calcula qué porcentaje necesita para que su inversión «cuadre». Ejemplo sencillo: se estima que, si todo va bien, la empresa podría venderse por 20 millones de euros en 5 años. El inversor busca multiplicar por 10 su inversión y aporta 500.000 €. Para que 500.000 € se conviertan en 5.000.000 € en la salida, necesitaría aproximadamente un 25% de la empresa en ese escenario (el 25% de 20 millones son 5 millones). Si se pacta que su participación será del 20%, el inversor tenderá a ajustar el importe, la valoración o la estructura, porque el binomio riesgo-retorno deja de encajar.

El tercer enfoque es el de comparables, pero bien utilizados. En semilla no sirve comparar con empresas cotizadas, sino con rondas recientes de compañías similares en sector, país, complejidad tecnológica y grado de tracción. El comparable no te da «la» valoración, te da un rango y, sobre todo, un punto de referencia común para justificar por qué tu caso está por encima o por debajo de la media. Técnicamente, lo más importante es comparar lo comparable: producto similar, canal parecido, volumen de clientes similar y riesgos equivalentes.

En fase semilla, una buena valoración no es la más alta, sino la que permite financiar el plan, deja margen para futuras rondas sin dilución excesiva y alinea los incentivos entre el equipo y el inversor, con hitos claros que sostengan la revalorización posterior.

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