Indicadores sencillos de sostenibilidad que puede empezar a seguir una pyme: Medir para mejorar

La sostenibilidad suele asociarse con declaraciones de intenciones: compromisos genéricos, buenas intenciones y frases cuidadosamente redactadas en una memoria corporativa. Sin embargo, para que la sostenibilidad sea algo más que un discurso, debe apoyarse en el mismo fundamento que cualquier otra dimensión de la gestión empresarial: datos concretos que puedan medirse, compararse a lo largo del tiempo y utilizarse para tomar decisiones. La buena noticia es que empezar a medir no requiere grandes sistemas ni inversiones complejas; basta con seleccionar unos pocos indicadores básicos y revisarlos de forma periódica.

Consumo energético: el punto de partida más habitual

El consumo de electricidad y combustible suele ser el primer indicador que cualquier empresa puede empezar a seguir, ya que la información ya está disponible a través de las facturas mensuales. Lo relevante no es solo el dato absoluto, sino también su evolución: comparar el consumo mes a mes o relacionarlo con el nivel de actividad (por ejemplo, consumo por unidad producida o por hora de funcionamiento) permite detectar variaciones que de otro modo pasarían desapercibidas. También resulta útil evaluar el impacto de las medidas de eficiencia energética que la empresa ya haya implantado.

Consumo de agua y generación de residuos

Del mismo modo, el consumo de agua puede controlarse a partir de las facturas de suministro, prestando especial atención a picos inusuales que puedan indicar fugas o usos ineficientes. En cuanto a los residuos, un indicador sencillo consiste en registrar el volumen o el peso aproximado de los residuos generados, diferenciando entre los que se destinan al reciclaje y los que no. Mantener este registro de forma constante ayuda a evaluar si las medidas de reducción o separación de residuos están produciendo resultados reales.

Materiales reutilizados y compras sostenibles

Otro indicador útil, especialmente para las empresas que fabrican o manipulan productos físicos, es el porcentaje de materiales reutilizados o reciclados sobre el total de materiales utilizados. No es necesario disponer de un sistema sofisticado para empezar: revisar periódicamente qué proporción de las compras de materiales o suministros corresponde a opciones con un mejor perfil ambiental —como proveedores con certificaciones reconocidas, materiales reciclados o embalajes reducidos— ya proporciona una base sólida para el seguimiento y permite identificar tendencias con el paso del tiempo.

Emisiones asociadas al transporte

El transporte, tanto de mercancías como de personal, constituye otra fuente importante de impacto ambiental que puede supervisarse de forma sencilla. Llevar un registro de los kilómetros recorridos en los desplazamientos relacionados con la actividad —reparto, visitas comerciales, desplazamientos del personal y otros similares— permite, utilizando metodologías de cálculo estandarizadas y de acceso público, estimar las emisiones asociadas y valorar posteriormente si medidas como la optimización de rutas o el cambio de proveedores logísticos reducen realmente dicho impacto.

Ahorro conseguido mediante medidas de eficiencia

Por último, conviene registrar de forma explícita el ahorro económico derivado de las medidas de eficiencia ya implantadas, por modesto que sea. Este indicador cumple diversas funciones, entre ellas:

  • Traduce el esfuerzo en sostenibilidad a un lenguaje económico, facilitando la justificación de futuras inversiones.
  • Ayuda a mantener la motivación interna al hacer visibles resultados concretos en lugar de intenciones abstractas.
  • Además, este registro de los ahorros ofrece una utilidad adicional: el sistema oficial de Certificados de Ahorro Energético (CAE) permite acreditar y, en determinadas condiciones, comercializar los ahorros energéticos obtenidos, lo que puede generar ingresos adicionales para la empresa.

De la medición a la toma de decisiones

No obstante, seleccionar estos indicadores carece de sentido si posteriormente no se revisan con una periodicidad adecuada —mensual o trimestral, según el caso— ni se utilizan para tomar decisiones. El verdadero valor de la medición aparece cuando los datos permiten comparar resultados, detectar desviaciones y, sobre todo, respaldar la toma de decisiones: priorizar una inversión en eficiencia energética frente a otra, optimizar una ruta de reparto o revisar la relación con un proveedor que no cumple los criterios ambientales esperados.

En definitiva, no es necesario disponer de un complejo sistema de gestión ambiental para empezar a gestionar la sostenibilidad con criterio en una empresa. Basta con elegir unos pocos indicadores relevantes para la actividad de la organización, medirlos de forma constante e incorporarlos como parte habitual del proceso de toma de decisiones.

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